miércoles, 13 de octubre de 2010

AFUERA LLUEVE


Luis A. Chávez

Afuera llueve. Y en su casa, un hombre salvaje como nadie, mira la televisión a duros trances (su querida se fue, no tiene mucho) de manera que la soledad ha comenzado a roerle. De hecho tiene ya agujeros en algunas de sus camisetas, grises más de olvido que de mugre.
Y con la barba crecida, somnoliento, apura un vaso de leche, un trozo de pan duro como sus dudas últimas mientras mira la casa, para imaginar que ella estuvo allí hasta hace poco, convertida en flor, en ave, en agua.
Recordándola, se duerme.
De sus manos resbala el vaso y el pan porque la gravedad de la vida, si puede arrastrar a una mujer tan lejos, fácil es imaginar de qué es capaz.
En la mañana, cuando por fin se levanta del sillón donde se quedó dormido, a cualquiera le molestaría la espalda. A él no, dolido por no saberla más, por no escucharla. No sabe qué decir, a quién contarle que se encuentra solo, que a punto están, muchos como él, de cometer un crimen.
Decide hacerse el valiente, intenta sacarle a su furor otro legajo, otra vena.
Pero su cuerpo no es de él, es de la inercia, su voluntad requiere de jabón, de un baño urgente.
Y vuelve a la televisión que se quedó encendida, palmo de la mitad de una locura.
Creciéndole las fuerzas sobrehumanas, ya no echa sal en su lastimadura, insiste en vivir a toda costa y, por fin, acepta que perdió esa guerra, que la mujer no acata influencias cuando decide alejarse y, con temple, se va llorando por dentro. Pero les dura poco, salen de su propia tumba como si fueran crisálidas, son las maestras de la noche y día, de la penumbra y la luz.
No existe antídoto para curar de olvido ni para curar de amor (unos se ponen en la frente un crucifijo, hacen promesas vanas, ruegan mucho) Y la mujer que se fue, ya no regresa, se la traga el viento.
De manera que este hombre quiere de nuevo vivir, y se apresura.
Prepara su corazón y sus maletas, se va a cambiar de casa, de país, de oficio, está listo.
Abre la puerta pero afuera llueve.
Y con su premura idílica, con su confianza y su fe, el agua de alguna forma le recuerda a ella.
Y ya no sale más. Vuelve a la televisión para intentarlo (como otras veces) mañana.

lacosta59@hotmail.com

jueves, 16 de septiembre de 2010


Caminata por el siglo

Un disparo acorraló a la memoria
Que huía del pasado.
Hizo un alto en el tráfico jadeante,
Solo para ver como el presente
Se le iba desgastando.


Definición para el exilio

Íntimo soy de la soledad
Que me reparte.
La única patria prometida
Es una cárcel sombría
Donde los años
Qué importan.


Boletín de prensa

Se quitó la soledad
De todo un mes
Y la dejó colgada
En el perchero de la rutina.
Al otro día
Su nombre estaba escrito
Con la tinta de los diarios.


jueves, 2 de septiembre de 2010

DOS POEMAS


Cortejo

Cuando mi columna
No aguante su propio peso
Por tanto recuerdo acumulado
Mis poemas serán el cortejo
Que nunca olvide
Pese a no estar
Jamás entre los vivos.



Corazón en trizas

Nada que haga perder la calma.
Ningún cuchicheo inoportuno.
Lento
Suave como un siseo
Imperceptible.
Un tambor callado es esta noche
Que la lluvia embotella
Bajo los aleros de tu cuerpo.
Ninguna pausa de portón abierto
Ni sombra
Ni luz tristeando tus orillas
Nada.
Hay en este silencio
El grito inequívoco
De un corazón en trizas.
LOS VERSOS DE MARIA ESTHER.
Samuel Pérez García.

Sólo el poeta puede lograr con lo cotidiano un poema. Sólo el hombre dotado de una sensibilidad profunda puede dejar surcos en la conciencia, propiciar la reflexión, gozar con las imágenes y los otros sentidos que la poesía es capaz de propiciar. Digo esto a propósito del libro Fuera del mapa de María Esther Mandujano, quien es publicado por Cultura de Veracruz, editorial independiente que dirige el escritor Raúl Hernández Viveros.
La obra consta de 30 poemas distribuidos en tres partes con 83 folios. La primera se llama retratos de familia; la segunda, y es que el amor; y la tercera, fuera del mapa. En las dos primeras partes del libro es posible encontrar la filigrana musical, las imágenes deslumbrantes y la festividad de mirar crecer la sonrisa de los niños, de haber sido niña, pero también el dolor- no hay poema sin esta cualidad - que motiva el ejercicio de la poesía. Esto lo saben los poetas, aunque a veces, algunos nieguen esa relación entre dolor y poesía. No hay poeta que escriba sin dolor, no hay dolor que no obligue a la tarea de ensoñar la realidad.
Pero hay de dolor a dolor. El dolor físico se cura con un calmante recetado por el médico. El dolor del corazón obliga al poeta a la autocura escribiendo por ese dolor que no se calma nunca. Pues de ser así entonces el propio poeta dejaría de serlo, y se convertiría en un humano cualquiera. Los poetas son seres especiales, errabundos, libertarios, amables y altisonantes, inteligentes y bruscos, pedazos de ternura o hierro candente, escritores que se forman a fuerza del desagrado que propicia el desamor, el abandono, la frialdad del otro o de la otra, la soledad que avasalla, el silencio que corta todo ánimo, la amargura que se desprende de algún adiós o de los últimos instantes en la vida.
De esto y de todo encontramos en la poesía de María Esther. Una mujer que mira en lo cotidiano el recurso para escribir versos de alta alcurnia, de traje musical hecho a la medida, de imágenes que surgen y nos pican la inteligencia para que ésta las goce y las declare patrimonio por derecho propio. Dice María Esther en el poema dedicado a su hijo Juan Arturo:
“Un día descubrimos que todo lo sabía/ Un día abrió los ojos y tomó nuestras manos/ Nos enseñó a andar los laberintos/ del miedo y de la duda/ Puso la soledad en una esquina/ la tristeza las enterró en un borde del camino/ y con su luz dibujó un horizonte de gaviotas.
Pero María Esther no sólo se apropia del dolor y lo comparte. También vislumbra el acto festivo de haber encontrado una mirada, un afecto, una sonrisa en aquel pasado infantil que pervive en su conciencia como un don eterno. Dice en el poema dedicado a Daniel:
“La empanada más grande era la tuya/ el hot cakes con más miel/ mi miel de travesuras Daniel/ Y aquellas noches cuando corríamos/ a los brazos de la abuela porque podían venir/ los monstruos de la noche/
Pero también el amor. No podía faltar. Llenar ese vacío que la poeta mira y siente. Por eso canta, y con el quiere llenar el alma:
/No fueron las serenatas con blancas mariposas/ Acompañando el trino de su voz, los aleteos/ tampoco los poemas que decía a mi oído/ a medianoche cuando el amor en vela cabalgaba/ sobre los mágicos parajes de la luna/.
Y no conforme con esta declaración, como si quisiera reiterar que lo que siente es amor, le dice al sujeto de sus inclemencias:
Amé tus ojos aquella tarde/ los amé sin contar las hojas/ que cayeron en los otros otoños/ sin mirar a través del postigo/ las fotos del recuerdo/ Los amé sin memoria, sin vértigo/ sin soledad, sin miedo/.
Así, sin miedo, con entrega total, María Esther Mandujano se entrega a la poesía, que asimiló desde chica en aquellos umbrales del viejo Puerto México, donde creció y se hizo doncella, arquitecto, y luego, por destino, poeta de alcurnia, poeta del amor, poeta sencilla y a la vez lujosa, por tenerla aquí entre nosotros, oyéndola decir, por ejemplo:
No me preguntes por qué/ pero sin ti mis manos tienen alas/ No me preguntes por qué/ pero vuelvo a nacer mujer de sal y arena/ de sol y hierba/ mujer de barro y pan/ de verde selva.
Ya desde las entrada el libro nos deslumbra con estos versos que dicen: Inmortales somos/ como el canto de grillos en la selva/ como la luz que escarcha de oro lo que toca/ como el temblor del agua en los estanques/.
Para quienes conocemos a María Esther, nos da gusto contar con ella no sólo como mujer y amiga, sino como poeta que sabe lo que busca y toca. Entrega su corazón en los poemas, se hace presente y flirtea con la belleza que recoge en los sucesos menos inesperados: una mirada, unos ojos, la soledad que llega de improviso, y ella, lista, no le arredra esa visita, pero su cubre para decir:
Puso la soledad en una esquina/ la tristeza las enterró/ en un borde del camino/ y con su luz dibujó un horizonte de gaviotas/.
Y como todo poeta, imposible dejar de mirarse en su propio espejo, por eso escribe ¿Es posible que de la soledad/ emerjan los milagros? Y del dolor la dicha/ y del silencio oscuro de la noche/ las estrellas/ María/ quién te vistió de niña en las mañanas/ y peinó tu larga cabellera/ más fuerte que los vientos/,le pregunta María Esther a una homónima suya, que podemos interpretar como su hermana, la otra, la que siente y escribe, la María que se quita el nombre para quedarse con Esther, que es poeta, y mujer, y ama las cosas más triviales para hacer con ellas el oro que deslumbra por su brillo, pero al mismo tiempo, deja entreverar una herida que no puede ocultar y es la que quiere curar. Sin embargo, ella sabe que esa es su penitencia que no ha podido salvar, porque si pudiera, dejaría de ser poeta. Es la grave encrucijada que vive todo escritor: Si escribe se denuncia, nos enseña lo que le pasa; si no escribe no sale al día, no cruza las fronteras del anonimato, no sabemos quién es ni las cosas que le preocupan. Por eso escribir se convierte en un acto de purificación imperiosa, necesario para la vida de todo autor. Y María Esther quiso publicar su libro, el primero, pero creyéndose fuera del mapa literario, escribió el suyo con la timidez primeriza, buscando soltar amarras de lo que en su alma bullía, sin saber lo que vendría. Pues Fuera del mapa, en lugar de mantenerla distante de la geografía de los poetas, la ubicó adentro, en la primera fila de las mujeres veracruzanas (o tabasqueñas) que escriben poesía mayúscula, melódica, fresca y sugerente como estos últimos versos que cito: El amor brilla en los ojos/ revolotea en el pelo/ amor siente en cada célula/ el que de amor está preso/ Amor en manos tranquilas/ amor en los labios trémulos/ amor en cada
sonrisa/ y cada lágrima de fuego/.

jueves, 19 de agosto de 2010

¿LEGALIZAR LAS DROGAS?
Samuel Pérez García.
Ahora todo mundo se cree experto en asuntos que tienen que ver no sólo con el desarrollo de una sociedad sana, sino con aspectos científicos que requieren para la explicación un proceso de investigación. Soltar a botepronto la opinión que las drogas deben ser legalizadas para convertirla en mercancía ordinaria y con eso evitar los conflictos entre cárteles que viven de la producción y el mercadeo de esos productos, son desatinos que resultan imperdonables, cuando provienen de personajes que han jugado papeles relevantes en la política de México. Hablo en este caso del expresidente Vicente Fox, el gran equívoco de los mexicanos en el año 2000, cuyo recuerdo no es por la obra realizada sino por los dislates lingüísticos cometidos, lo que siempre hizo necesitar de un traductor, papel que jugó su director de comunicación social. El otro es Jorge Castañeda, quien fue Secretario de Relaciones Exteriores en el periodo de Fox, y quien sin más, dice que se debe legalizar la mariguana, y lo funda con el argumento de acabar el conflicto entre cárteles que comercializan el estupefaciente.
Ahora todo mundo cree que lo legal es sinónimo de racional, que lo legal puede terminar con el conflicto, al modo como por ejemplo, dos ciudadanos se pelean un terreno. Uno posesionado del mismo, pero sin escritura; y otro, con escritura pero sin posesión del bien. Para dirimir el conflicto, el juez del caso, determinará quién es el legítimo propietario, y por regla general, concluirá que lo es quien tiene en su poder las escrituras reglamentarias. Pero también hay un factor que a veces hace cambiar la trayectoria del resolutivo: el poco o mucho dinero que tengan los ciudadanos en conflicto, y lo mucho o poco del grado de corrupción de la justicia. Pues un caso es el de la justicia ideal, y otro el de la real.
En esa lógica, el narcotráfico es ilegal por carecer de una ordenanza que ampare esa industria, por lo cual, hay que dotarlo de esa cobertura, para que no haya más crímenes violentos cometidos por quienes están armados para defenderse de sus contrarios y del orden legal que representa el Estado.
Si vemos aisladamente el problema de las drogas, es lógico que lo que requieren los cárteles es un permiso para operar bajo la ley. Eso les permitiría moverse sin andar armados y sin parapetos de ninguna especie. Pues si todo es legal, qué caso tiene oponerse a otros que se dedican a lo mismo. Pero opinar así es olvidarse de la historia. Y voy al ejemplo de la primera guerra mundial del siglo XX para no irme tan lejos. La lucha por los mercados fue uno de los factores que condujeron a los países europeos en esa primera gran guerra, y aunque haya existido como aderezo y pretexto el asesinato de archiduque Francisco Fernando, heredero al trono de Austria, el reparto del mercado fue el detonante básico, acción que se ejecutó entre los países vencedores cuando el conflicto terminó.
Pero hay más. Si bien al carecer de cobertura legal, los cárteles de la droga viven una lucha armada sin cuartel por el control de esos mercados, y con ello se llevan entre las patas a la sociedad y al gobierno, por los crímenes, asaltos y secuestros cometidos, lo cierto es que también, aún cuando lo legal sucediese, la lucha no va a parar por otorgarles una ley. Lo que va pasar es que la lucha cambiará de forma. Seguirá siendo dura y soterrada, pues de lo que se trata es saber quien posee más mercado y lo que eso implica: el crecimiento de la fortuna gracias al aumento del consumo.
Pero también sucederá una reconfiguración de la clase política que hoy nos gobierna. Es decir, si hoy está penado usar el dinero del narcotráfico en las campañas políticas, con la promulgación de la ley que oficialice la producción y el consumo de drogas, apoyar a un determinado candidato podrá ser visto como un asunto común, porque el patrocinio provendrá de dinero limpio. Así, el narcotráfico a través de sus candidatos tendrá todas las posibilidades de ascender al poder. Y lo que hoy realizan de manera soterrada, podrán hacerlo abiertamente –por que la lucha contra las drogas no es solamente una cuestión de salud o de paz social, es también un asunto de seguridad nacional (léase político). Luego, entonces, los cárteles de la droga no son entidades que se dedican a la producción y venta de drogas sin más, son también soportes económicos de grupos, si no enquistados absolutamente, sí con relaciones en la cima del poder. Y por lo mismo, tienen un proyecto qué defender, mucho más cuando tengan a la ley en favor suyo. Por eso es que afirmo, aún cuando la droga se legalizara, el conflicto no concluiría, porque más allá de este modus operandi, la riña – que aparenta ser entre maleantes y policías- no es con los que se dedican a lo mismo, sino con los grupos de poder a los cuales pertenecen los mafiosos o se encuentran relacionados. Quisiera con esto adelantar una hipótesis: la vieja clase política, esa que se formó con la revolución mexicana y bajo la tutela gringa, ha dejado de ser operante, y hoy es desplazada por los que viven y disfrutan de las enormes ganancias que deja el mercado de la droga. Y si bien, hoy esos cárteles pelean el espacio político que les falta, no será así para cuando la droga se legalice. Pasarán a disputar el poder político a la vieja clase gobernante, que ya presenta un duro agotamiento en su proyecto de vivir de la conducción del país. Para el Estado, pues, la legalización no es simplemente un problema de salud o de legalidad, sino de evitar o aceptar a la clase emergente que se está formando con el dinero del narcotráfico. Dejemos aquí este punto para discutirlo después y vayamos a otra consecuencia de la posible legalización.
Otra consecuencia de legalizar las drogas es que existe un eslabón débil, al cual se debe defender porque expresa nuestro futuro en el país que queremos. Se trata de los jóvenes, quienes han sido el punto débil en esta lucha contra el narcotráfico. Los jóvenes, al vivir en un ambiente nocivo tanto familiar como social, al no poseer todavía un proceso racional maduro que les permita valorar la vida y sobrevellevarla en paz, son rehén de las drogas que pululan en el ambiente, y tarde o temprano, se ven tentados a engrosar las filas de consumidores.
Esta gente joven, mercado natural de las drogas, se desorientan desde la casa al vivir en hogares divididos y sin patrimonio propio. Para superar tales carencias, se escapan de esa realidad consumiendo drogas. La mayoría de ellos son de economía baja, marginados de la felicidad que proporciona un buen empleo y la educación familiar. Aunque a veces no pasa así. Un buen sector de consumidores es gente de bien, adinerada, que busca por curiosidad o por desorientación, las emociones fuertes, que les permitan congraciarse dentro de sus círculos sociales como atrevidos y libres. Con esa idea, la juventud -rica o pobre-se genera una imagen falsa que para ser libre y autónoma, hay que consumir drogas. Estar in, decíamos en la época del hipismo de los años 70. Si para consumirla antes, había que esconderse de la mirada pública, con la legalización, esos consumidores podrán estar tranquilos en los bares y cantinas, fumando su huatito o periqueando a la luz del día, bajo la sombra de un árbol o del lugar que mejor le plazca.
Nuestros hijos ya no podrán esconderse para ello, y en la fiesta de cumpleaños, no va a faltar alguien que cargue su dosis particular e invite a los ingenuos a dar una probadita, para sentirse mejor. O bien, si a alguno ya se pasó de borracho, con un pericazo pasaría a sentirse mejor y seguir la fiesta. Y por más educación que se les imparta en la casa o en la escuela, difícilmente podrán apartarse de la influencia social que reproduce el libre consumo de la droga.
Pero el problema vendrá después. Nuestra juventud, de por sí, poco reflexiva y crítica de lo que pasa en el entorno, no sólo con los problemas de la propia familia, sino con la que sucede en la ciudad o en país, se volverá más atolondrada y poco útil, porque es de simple observación: cuando la droga pasa a formar parte del hábito de una persona, ésta se vuelve más lerda, confunde sus propósitos de vida plena, y deja de pensar por sí misma, salvo que tenga en la sangre algo de la sustancia habitual para poder ejercer con plenitud sus funciones neuronales ( cuestión muy relativa y que no siempre es así, Chencho). Si ya con el alcohol se tiene bastante, qué no pasará con las drogas que se legalicen. Lo que éstas van creando en el consumidor es una fuerte dependencia, al grado tal que ya no puedes vivir sin ella. Y no permite ser libre, sino vivir atado al consumo, y a la larga, el drogadicto se puede ver envuelto en conflictos de sangre que lastimen la propia vida o las de otros. Las drogas a eso conllevan.
Si eso pasa ahora -cuando las drogas no están legalizadas- con un sector de jóvenes que han perdido la capacidad de pensar por sí mismo, a causa de la no vigilancia que ejercen sus padres o la influencia decisiva que causa el propio medio social y cultural en el cual están desarrollando su vida, qué sucederá cuando las drogas queden legalizadas. El panorama será desolador en todos los aspectos. Y si hoy proliferan los centros de alcohólicos anónimos, mañana será con los centros de atención al drogadicto. Cada práctica de consumo trae consigo un centro de atención social.
A este consumo va a contribuir en mucho la publicidad. Que una vez legalizada podrá con bastante creatividad y libertad seducir la mente de la juventud y de lo niños, con el fin de convertirlos en drogadictos conocidos, tal y como sucedió con el alcohol. Los alcohólicos anónimos como centros de atención deben su existencia precisamente a la legalización de este producto, que ha sido, el factor determinante en el finiquito de la paz familiar. El alcohol es causa principal de muchos accidentes automovilísticos, de desmembración familiar, de violencia juvenil y de muchos otros conflictos. Y por más esfuerzo que realiza la escuela para restar su perniciosa influencia, es poco lo que se ha logrado.
De igual modo pasará con la mariguana, al cual muchos lo ven como una droga benigna, lo que no es cierto. Cualquier sustancia, en consumo demasiado ocasiona trastornos al organismo, incluso hasta el agua daña al organismo consumirla en demasía. Uno de los problemas es el exceso en el consumo de cualquier droga. Mucho más cuando el consumidor, en busca de experiencias más fuertes, como dicen los jóvenes, se realiza un cruzamiento de sustancias, que le hace perder el principio de realidad y se convierte en factor para desestabilizar la tranquilidad hogareña. Mientras tanto, los consorcios productores y los mercaderes de la droga, seguirán acrecentando sus fortunas a cambio de la salud de nuestros jóvenes. Si eso pasara, no se está proponiendo el paraíso con la legalización de las drogas, acaso tal vez un infierno impermisible. Por eso, resulta necesario pensar muchas veces para opinar en torno a la legalización de la droga, porque en dicho tema no está implicado solamente la salud y la paz social, la economía o la libertad de comercializarla, sino que abarca muchas dimensiones que deben analizarse para resolver la pertinencia de que formen parte del consumo abierto.
Puedo seguir argumentando más, pero el espacio ya no da para tanto. Solamente quiero dejar una pregunta a mis escasos lectores: ¿Por qué el gobierno en lugar de perseguir y encarcelar a los intermediarios de las drogas no crea leyes que permitan atacar la base de la cual se nutren los cárteles, es decir, porque no ataca el aspecto financiero que les permite a esos organismos manejar grandes fortunas, mucha de las cuales sirven para corromper a los responsables de la justicia? Sencillo: muchos narcotraficantes están siendo soporte para la economía del país y eso hace que mantengan relación en el más alto nivel de la política de México. Por eso decía líneas arriba de que los cárteles de las drogas mantienen una relación soterrada con sectores que conducen el Estado mexicano, pues si no fuera así, hace mucho que los narcotraficantes fueran parte del archivo muerto. Pero no. Por lo tanto, opino que la lucha a favor o contra las drogas es una lucha por el poder político en México. No es una exclusiva cuestión de educación de salud, de legalidad o de economía, auque sean estas las formas básicas que presenta dicha lucha. Volveremos.

El correo que nunca tuvo respuesta.

31 de julio 2010.
Amigos:

Les mando esta reseña de LA NOVELA CAMARADAS DE RUBEN SALAZAR MALLEN (1905-1986) ESCRITOR NACIDO EN COATZACOALCOS. EN DICHA NOVELA ESTÁ UN RETRATO HABLADO DE LOS VIEJOS COMUNISTAS/COCEISTAS Y "ROBOLUCIONARIOS" PERREDISTAS DE AHORA. CONSIGANLA Y LEANLA CON SENTIDO CRITICO, PORQUE SI LA HUBIERAN LEIDO EN LOS AÑOS SETENTA Y OCHENTA DEL SIGLO PASADO, LO MAS SEGURO ES QUE HUBIERAN DICHO: "REACCIONARIA", "LAMEHUEVOS DEL CAPITALISMO", vayan ustedes a saber qué . En aquellos años o eras de izquierda (MARXISTA LENINISTA O TROSKISTA) o eras de derecha (TRIPLE A, MURO O SIMPLE PORRO DE LA UNIVERSIDAD). Ahora puedes ser panperroconfundido, perremaniaco, verdehalagotricolor, o simplemente PUP. (PARTIDARIO DEL PARTIDO UNICO DE PENDEJOS).
Me parece que Rubén Salazar Mallén, independiente de sus bandazos políticos, fue izquierdoso comunista, fascista arrepentido, y esto último le valió para que no alcanzara la fama internacional que tuvo Octavio Paz, que también fue militante de izquierda en sus años mozos, antifranquista, pero no nunca declarado fascista abiertamente. Error de Salazar Mallén, pero acierto para los ojos contemporáneos por haberse adelantado a lo que iba a pasar con muchas izquierdas del mundo: ser moderno es aprender a convivir con el enemigo, y si se puede, taparse con la misma sábana y dormir en la misma cama. Al fin y al cabo la bandera es sólo un trapo con un símbolo, que nada dice en esta época de la globalización paranoica.

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jueves, 27 de mayo de 2010

MAÑANA QUE NO ESTÉ




samuel Pérez García


Julio del año 2008



1



Junto al calor del sol
Bajo el almendro de tus ojos
En la misma punta del recuerdo
Estaré como si esperara
Tu abrazo quinceañero,
Tu querencia espolvoreada
En el hueco de mis manos
Estaré como si no estuviera
Mañana que no esté.




2


Andaré por tu memoria
Vestiré la misma camisa
Del último cumpleaños.
Con el alba de cada mes
Te hablaré con el silencio
Que tus ojos me enseñaron
Aquella mañana de siempre
Que nunca se me ha olvidado:
Estabas insomne y llorosa
Frente a la puerta esperando
Soñando que no soñabas
El dolor que te causaba
El hombre de tus reclamos.


3



Para quererte me bastan las ganas
De saberte conmigo amada
Te decía alguna vez
En alguna frase olvidada
Porque a pesar del reclamo
Mía tú te sabías
Bajo la luz de la luna
Sobre el portal de tus ojos
Y las ganas del alma mía.


4



En el último verano
La luna miramos ponerse
Aroma de muchas flores
Vestida de plata fina
Y un vestido tan largo
Para la noche sencilla,
Que se nos fue de las manos;
Por no atender los reclamos
Del amor que nos nacía
Hace muchísimos años.


5



Oiré música de piano
Leeré cartas de muchos años
Soñaré que tengo otro nombre
Caluroso como el verano
Y andaré las madrugadas
En busca de otro cuerpo
Que me reciba el cariño
Que otras me lo negaron.




6


Tal vez no encuentre nada
Ni una sonrisa ni abrazo
Acaso ni una mano
Se me extienda como antaño
Cuando mi novia eras
Y te llevaba de la mano
Por las calles de colgantes
Faroles que alumbraban
Los besos que tú me dabas
Febril y enamorada
Tu cara de quince años.


7


En mi corazón
Tú eres la espina
Que me sangra.
Me avasalla, me entristece
Me revuelca de dolor
O me llena de esperanza.



AFORISMOS DE AMOR

Para mis amores de Juchitán, Huetamo y Coatza.

1

Algún día la lluvia
Serán tus lágrimas
Y mi aliento el sol
Que te las seque.

2


Mientras la lluvia lava
Todos los recuerdos
El tuyo permanece.


3

Arriba de mí, la luna;
En mi pensamiento, tú.

4

Si la luna brilla,
Mi corazón también;
La luna lo hace por el sol;
Mi corazón por ti.



5

Si un día te vas
Serán largos los sauces
Verde la eternidad
De los caminos.

6

La lluvia es persistente; de igual modo tu recuerdo.


7

Sombría la edad
A los cincuenta y dos
Si tú no estás.


FICHA DE AUTOR:

Samuel Pérez García (1953) es el mismo Manuel Álvarez que un día le dio por regresar a su tierra original pero bajo otro nombre. Nació en La Blanca, municipio de Ingenio Santo Domingo, Oaxaca. Dícese poeta y escritor, enamorado de mujeres con enaguas largas y caderas pronunciadas. Soñador eterno y buscador de tesoros, que por regla general, concluyen a la puerta de un corpiño. Ha escrito libros que ya no vale la pena recordar ni premios que atestigüen nada. Pero hay dos que sí: Bandera en el corazón (2003), Una luna sombría en otras bocas (2002). Lo demás es historia como son los besos de las juchitecas que hoy también ya me olvidaron. Y no hay posibilidad de recuperación alguna, pese a las ganas.