martes, 13 de marzo de 2012

MELENAZGO


El dinero es vicecáncer de mi bolsillo, apotegma que vuelve del costillar de Caín.

Circula entre recipiendarios idóneos el documento que reproduzco abajo sin la pátina bibliográfica que aquí no hace al caso. Es una iniciativa solidaria que de resultar exitosa paliaría mi situación económica actual. Cuenta más allá de reticencias y escepticismos de la fe poética, con mi aval circunspecto. Enfrento los hocicos de la miseria inducida otra vez y este punto de apoyo críptico podría servirme para proseguir algunos trabajos creadores bloqueados o aparcados por la emergencia. La canallocracia mexicana me decretó la muerte civil. La catalana quiere dejarme podrir. No hay cadáver, sin embargo. Si el espíritu se limitara a las circunvoluciones del cerebro moriría con él y no con la especie. Si tuviera tiempo y voluntad ociosa y este fuera lugar reivindacaría mi obra y la gran poesía catalana que he traducido en poco más de los últimos 30 años y que permanece inédita no por mis méritos. No es necesario tampoco. Están vivas porque son. Pero para acabar de tajo: avalo aquella iniciativa porque así me lo impone mi viejo ejercicio soberbio de humildad con los amigos. Lo he dejado claro también retirado en el tiempo en otro cubil: dictadura del espíritu y obra de soberbia humildad es entre otras cosas la poesía.


Y ya que memorioso me veo de mis propias gracias, retrotraigo esta cita del traficante exiguo de noticias éticas Jenofonte de donde se remueve en el tiempo sin precisarlo porque es tiempo en el tiempo sin tiempo de mis trabajos oscuros: Más de una vez me he preguntado con asombro con qué especie de argumentos pudieron persuadir a los atenienses los acusadores de Sócrates de que era reo de muerte.

En una sociedad esclavista y esta poco difiere de la socrática salariato mediante y otras yerbas virtuales o no, la libertad de opinión y toda libertad es propiedad de los amos. En ella sólo disiente siempre escaso el genio creador. No tenía de qué asombrarse y menos desgarrarse los hilachos a menos que de tanto amor de amo solito se escamoteara la respuesta que sabía perfectamente Jenofonte. El único argumento contra el genio humano cuya virtud es la verdad es la calumnia. A ella, entonces como ahora daba crédito a sabiendas la canallocracia, siempre salvaguarda de sus propias infamias.


A Sócrates le impusieron la cicuta. Yo prefiero una 38 especial. Háganmela llegar. Cargada, eso sí, porque no tengo ni para las balas.

Prometo que no obedeceré como el griego obediente. Yo no creo en el orden ambiente porque vivo del caos de la vida poética.

No teman: nomás escupiré sobre sus tumbas.


Melenazgo¡Apadrina un poeta durante este gran año 2012!
Amiga, amigo:
Regálate ayudar a un genial poeta que acaba de ser abuelo y escribe en estos momentos El Viejo del Amor. Tu cuota de ayuda es, de alguna manera, un regalo que te haces a ti mism@: ayudar a la poesía es ayudar a tod@s.

Apadrina o amadrina a Orlando Guillén a través de una transferencia bancaria a la siguiente cuenta de Catalunya Caixa:

2013/ 0470/ 78/ 0200875843

Te pedimos que hagas un ingreso mensual de sólo 10 euros (o más si puedes) a favor del señor Orlando Guillén Tapia, desde este mismo 30 de enero. Todo depósito desde cualquier país que no sea España requiere del uso de estas claves:

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A la espera de una mejor situación económica que alivie su circunstancia actual, emprendemos este melenazgo a favor del poeta mexicano, gran traductor de poesía catalana clásica y moderna. Sé un melenas por sólo 10 euros al mes durante este año 2012 y contribuye a que este jodido, complejo y a veces maravilloso mundo no olvide el duro, profundo y sacrificado trabajo del poeta. Aúna y abraza tus esfuerzos, tus propios trabajos y sueños, con los del poeta a quien ayudarás.

De antemano te agradecemos tu inspirada y generosa ayuda.

Barcelona, 24 de enero de 2012
Grupo Quiebra Total
Ivo Arnillas, Marc Valls y Bruno Montané

• El poeta ofrecerá a sus benefactores una lectura privada de su libro Rey de bastos y sorteará un ejemplar fuera de serie de la edición artesanal de 33 ejemplares de este libro, que él mismo diseñó. La fecha de este acto se fijará próximamente.

lunes, 12 de marzo de 2012

LAS VIVENCIAS DEL TEMOR A LA MUERTE



José González Galvez

Leer la propuesta de un poeta, conlleva a dos condiciones enteramente opuestas, sin lugar a dudas son las dos caras de la moneda. ¿Águila o sol? Y la suerte esta echada al viento.

Sin embargo, en esta ocasión el autor, Samuel Pérez García nos ha tendido una trampa, porque su penúltimo poemario LA SAL DE LA VIDA, no es una moneda, sino un dado cargado, de esos que ya tienen la apuesta ganada. Desde la portada de su libro, juega simbólicamente con una pintura del francés Henry Matisse, donde vemos el cuerpo semidesnudo de una mujer acostada en una cama y a su lado, en una ventana abierta otra mujer, ésta vestida, que esta detenida en un balcón, ¿que miran ambas mujeres? Eso no importa, porque el verdadero juego son los cinco colores primarios que están en la impresión: rojo, verde, amarillo, azul y rosado. Y cinco son los capítulos de este poemario, que pueden ser parte de los círculos de Dante, o los escalones de la Torre de Babel. Todo depende del estado de ánimo del lector que irremediablemente caerá en el cubículo asignado.

El autor nos previene en la presentación de su poemario, que LA SAL DE LA VIDA posee un doble significado, y regreso a la imagen de la portada, las dos mujeres que ahí están, una duerme y la otra esta despierta; es el sueño y la vigilia, la salud y la enfermedad, el día y la noche.

De los poemarios anteriores que tengo del autor: “Autorretratos para una desolación”, “Del viento el mar y los recuerdos” y “Bandera en el Corazón”, encuentro estos textos más depurados, más centralizados del ser y del estar pisando terreno firme. En la quinta parte del poemario titulada “El oscuro palacio de la edad”, el autor camina por una senda escabrosa, que algunos llaman los años, es la desesperanza total, el aislamiento intelectual, las arrugas físicas y espirituales. En su último poema escrito en prosa hace un recuento de los que ya se marcharon a otra dimensión, y de las mujeres que amó y que ya no lo aman más, y de ellas sólo queda el recuerdo. Ahora se siente extraviado en las calles del puerto, en su bocana, en sus callejones o a la orilla del río.

Escribe el autor: “Cierro la puerta de la vida, muero cada día.” Y yo cierro las páginas del poemario y lo dejo reposar a buen recaudo, porque más allá del amor y el desamor, vuela una pequeña luciérnaga que es inmortal.







domingo, 11 de marzo de 2012

EN TORNO AL LIBRO LA SAL DE LA VIDA



Esther Mandujano





El poeta es un ser vulnerable que muestra la desnudez de sus miedos, de sus sueños, de su llanto, sin recato, sin retorno, a través del poema; como si tal valentía le permitiera, al identificarse con sus lectores, liberar un poco de ese caudal de sentimientos acumulados en el alma y que, “… vino dando tumbos de generación en generación, noche a noche, de beso en beso, de amor en amor, descendiendo por arterias y testículos hasta llegar en un viaje nocturno…” como dijera Gabriel García Márquez en su relato La otra costilla de la muerte, de Ojos de Perro azul.


El poeta nace con los sentidos afinados, perfilados, abiertos en canal para ver, oír, oler, tocar, degustar lo que la mayoría de las personas, tal vez por por fortuna no pueden. Como si sus nervios-antenas (Francis Mestries “Comalcalco”, 2010 ), tensados, expuestos, pudieran percibir la realidad con una lupa y producir las mas dulces armonías o los más disonantes acordes de dolor para expresar la dicha, el amor o la agonía.


El poeta es un ser atormentado, igual que los personaje de El perfume de Suskind, Jean Baptiste-Grenoville, o que Roderick Usher, del cuento, la Caída de la casa Usher, de Edgar Allan Poe, atormentados por sus dones.


Samuel es un poeta y no fue su elección, nació poeta. Pero además traía en el corazón “un perro enloquecido” como describe Efraín Huerta en su poema “Los hombres del Alba”, se aferró a su voz interna, a su necesidad de esgrimir el poema para comprender el mundo. Estudió filosofía y letras, contra viento y marea, navegando entre dos aguas, en las turbulentas aguas de un entorno no siempre amable y en las conocidas aguas de la literatura a las que siempre ha pertenecido.


Escuché hablar de Samuel cuando yo tenía apenas 15 años y vivía en este Puerto añorado y amado. Él por entonces había ganado los juegos florales de la feria y nuestro amigo común el poeta “Huarichi” me invitó a leerlo. Usaba un seudónimo, Manuel Álvarez. Mucho tiempo pensé que eran dos personas distintas. Pasaron varios años hasta conocerlo personalmente. Sin embargo, en esa primera lectura me sorprendió, reconocí la exquisita sensibilidad de un gran artista. Eran los ochenta y su lenguaje sonaba novedoso, diferente a la poesía local apegada a los cánones clásicos, románticos o modernistas. La poesía de Samuel era distinta, me gustó el talante con que acometía el poema, sin miedo, sin precauciones, la manera en que remataba cada texto, sorpresivo, vital, contundente, provocador, cualidades que no ha perdido con el paso de los años.


Alguna vez supe de él cuando andaba en los altos de Chiapas, con pasamontañas en vez de yelmo y la pluma en ristre, trasmitiendo los correos del subcomandante Marcos que para esas fechas creíamos portador del anhelo de muchos de una vida mas justa para los antiguos mexicanos que siguen sobreviviendo por encima de nuestros mediocres sueños. Nosotros que no distinguimos las fases de la luna ni las cualidades de las estaciones, ni los aromas del otoño, ni el sonido con que los pájaros, ángeles a nuestro alcance, pulsan las cuerdas de los atardeceres. Porque ¡ay¡ somos sordos, y los ciegos asustados de la novela de Saramago.


Pasó tiempo para un encuentro personal con Samuel, de hecho tendrá un par de años que lo conocí y debo decir lo grato para mí de este encuentro.


Es un hombre efectivamente de una sensibilidad exquisita, gentil y además de esa fuerza manifiesta en sus textos hay en su personalidad poética, una ternura que se filtra en el verso cuando habla con añoranza de la mujer amada, del dolor de la perdida.


Reconozco y admiro su trabajo permanente de difusión del texto literario, no solo el propio sino de otros poetas y escritores del Istmo.


“La sal de la vida”, es una autoselección de poemas publicados de manera dispersa a lo largo de su vida literaria, según explica en el prólogo del libro. También, dice, “es el itinerario emocional de un poeta, que tarde se dio cuenta de que la vida sin sal no es, y con demasía, se echa a perder”. Sin embargo, tengo que apuntar, el sazón no suele ser la cualidad del poeta, el poeta suele salarse hasta las entrañas o en la simpleza de sus guisos ahogar la última lágrima para intentar destilar el sabor y de allí, de ese vacío o de esa profusión nace el poema.


Los poemas de la primera parte “Una luna sombría en otras bocas” hablan reiterativamente de la muerte.


“Morir como si no pesara


El dolor de tanta ausencia,


Sentirla suavemente


Como si fuera algodón…”






“La muerte es un pedazo de ternura,


Una luna sombría en otras bocas


Un acaso inesperado algún día.”






“La muerte, subida muerte


Azul mi muerte, lluviosa


Para lavar las penas


Los amores que no se hicieron,


El destino que soñé


Cuando mis uñas cambiaban


Cada primavera,


Cuando era el sueño, no la vida


Que hoy tengo y que se acaba.”






El poema es un instrumento de exploración, no necesariamente se encuentran las respuestas pero en la búsqueda hay una satisfacción intima por ensayar posibilidades, acercamientos a la verdad, no importa que tan lejos, que tan cerca, solo estar, sentir, ahondar.


“ La muerte es un hechizo


Que camina con la luna


Entre la niebla agreste.


El silencio que de improviso


Olea en las sienes del recuerdo.


La muerte es la luz que vive


En la oscura habitación


De la memoria.”






El poeta a veces también provoca para ver que se sucede, que se mueve en el alma:






“ En mí la muerte


Reconoce su territorio conquistado,


Pero hasta que no haya parque


Entregaré la plaza.”






“La muerte es un aguacero


Que inunda lo que abarca,


Un carnaval de silencio


Donde no se vale llorar


Hasta el día que nos toca.”






En la segunda parte, cuyo titulo da nombre al libro “La sal de la vida” el poeta se cuestiona sobre “el ser”. Indagando a través de las preguntas fundamentales, Quién soy, en el devenir del tiempo.


“ Uno es


La soledad, el desamor,


Aguamundo,


Diluvio de adioses inmemoriales,


Poeta de su tiempo,


Irrecuperable.”






“ Quiero nacer de un odio amoroso,


Pleno y vacío


De orgullo,


Ser otro en lo común,


Agua


Con sabor distinto pero agua,


Pasado y premonición


Del mismo instante


En que apago la luz


De mis dársenas oscuras,


Para que digan todos mis amigos


Que ahora fui


Y que no soy.”






“A cierta edad


Nadie tiene preocupaciones


Ni sobresaltos,


Como eso de que un día


Se nos desmorone


Todo lo construido.


Y nos parezcamos entonces


A los pozos vacíos,


Con los puros recuerdos del agua


Que antes nos inundaron.”






Los poetas se nutren de la inspiración de otros poetas y esto es natural. Entre más curiosidad, conocimiento y fascinación por la poesía, consiente o inconscientemente el poeta será poseído por los influjos preferidos de su alma. En su poesía podemos reconocer a algunos los maestros de la lírica hispana que han dejado huella en Samuel.


Se reconoce la voz de Federico García Lorca, en estos hermosos versos de “Mar de amor” donde Samuel hace vibrar la piel al ritmo de la música del poema amoroso “Deamar”.






“ Ven que te quiero viento


Humedecido, tempranero


Vente asilo a mi pecho


Guarecida entre mis ramas


Como una niña con miedo


Venamar, venteviento


Bajo la luna que chispa


Sobre las olas tu cuerpo


Ven que te quiero lumbre


Relámpago sobre lecho


Sombra de sueño en mis manos


Temblando como luceros.”






O tal vez Oliverio Girondo creador de uno de los poemas eróticos más bellos de la lengua hispana, el poema 12. Hay algo de él que nos recuerda este hermoso poema de Samuel, “letanía por Mariluna”






“Mira este amor que nace


Pepénalo


Áselo entre tus manos


Sucumbe con él


Tritúralo


En cenizas conviértelo


Rómpele la memoria


Desaparécelo


Que a partir de ahora


Muerto estoy


Y ellos no aman tanto.”






¿Qué duele más, el amor o el desamor? Ese viento de ausencia, ese olor a moho que sale de las habitaciones cuando el amor se ha ido hacia otra parte, ese sabor metálico en la boca, ese espejo sin nadie, ese rumor de hojas cayendo del otoño hasta dejar en plena desnudez al corazón, seco, crujiente de hojarasca, polvo que lleva el viento hacia ninguna parte.


Samuel, en “Prólogo a una sequía”, con un tono gris, llora con el lector la pérdida, grita la impotencia de volver a las playas doradas del romance, donde la luz alcanzaba todo lo que los ojos del amor tocaban. Pero cuando la canción se ha ido, ya no hay retorno.


Desde ese entonces


“Éramos un prontuario


Donde la vida empieza.


Un mundo distinto


Al rumor devenido.


La sequedad nos vino


Tan de repente,


Como un rayo flamígero


En la oscurana.


Desde ese entonces


Ya nunca fuimos.”






Hace tiempo cuando el silencio...


“ Hace tiempo


Vi como entró el tedio


Al tragaluz de la vida,


Y de cómo se nos hizo


Perdediza la esperanza.


No hablamos.


El silencio rentó una habitación


Y se puso a vivir entre nosotros.”


El lodazal de la memoria






Abrir el paraguas


Para que el agua no moje


Los caminos de amor


Que ya no andamos.


No es lo mojado lo que duele


En los páramos lluviosos,


Sino los pasados que bajan


Del lodazal de la memoria.






El poeta vive y trasmuta la vida, la infancia, la vejez y la muerte. Muere todas las muertes, vive todas las vidas, y como los personajes de Poe, o de Suskind, sus dones no siempre son una bendición. Con los sentidos abiertos en canal, siente en altavoz lo que lleva consigo la existencia, viaja en el tiempo y el espacio con su caudal de sensaciones.


La última parte de su libro “El oscuro palacio de la edad” habla de la muerte. Él, siendo aún joven, ya la ha visto pasar de cerca, tocar a amigos y seres amados. Sensible como es, artista como es, ha sido conmovido profundamente por la pérdida.


Leer a Samuel es pasear por la vida propia engarzando en la belleza cada sentimiento que la acompaña. Este nuevo libro ha sido escrito con el talante de un hombre lleno de energía creativa, de talento irrefutable. Una de las voces trascedentes del istmo, del sureste de México quien a través de sus obras sigue heredando un bagaje de belleza poética a las generaciones actuales y venideras.





“ Sin embargo, a veces soy igual que un niño, por eso escribo poemas todavía y pienso que ella vendrá algún día, para exigirme la ternura que olvidó conmigo. Afuera vuelve a llover y mis amigos ya se fueron. No sé que traigo adentro que cuando llueve me pongo triste. Eso me recuerda lo que un poeta dijo alguna vez: cuando llueve/ es que el cielo lubrica sus ojos/ y semeja a una mujer/ que llora su mal destino/ de no encontrar amor. Eso es lo que me pasa a mí. “

Casa de la cultura de Coatzacoalcos, ver. (15 de febrero de 2012)








viernes, 16 de diciembre de 2011

ANECDOTARIO DE LIBROS


“No se trata de leer libros; sino de entenderlos”
Emilio “El Indio” Fernández

Por: Jaime Ruiz Ortiz

Octavio Paz alguna vez le decía al poeta Alí Chumacero: “No será que nosotros leemos sólo para justificar nuestra holgazanería”. Esta reflexión puede tener mucho de acierto. Pero si existen vicios en este mundo, nada mejor que el delicioso vicio del leer.

Una vez platicando en un café del centro con un buen amigo, el escritor Víctor Gerardo Grajeda Vargas, le pregunté ¿Y tú, cuántos libros te lees al año? Respondió sin titubear: “Tres” (me miró a los ojos mientras aplastaba su cigarro consumido sobre aquel sucio cenicero, y completó la idea) “Tres, a la semana”. De que hay casos como este, los hay.

Mientras que el lector de clase baja atesora un puñado de libros en su modesto estante, “Los que ya he leído”, dice con orgullo.

El mexicano de clase media que posee una biblioteca más o menos nutrida, se refiere a ellos como: “Los que tal vez algún día leeré”.

El adinerado que acumula bibliotecas enteras, con ediciones en letras de oro, con los clásicos que van desde La Iliada y La Odisea de Homero, hasta El Quijote de la Mancha, llegando a Nietzsche, Faulkner, Stendhal; Neruda, Alberti y Huidobro; García Márquez, Saramago hasta Dan Brown, los contempla como quien mira a un edificio, y exclama con cierto dejo de nostalgia: “Los que nunca jamás leeré”.

Recuerdo que en el filme Buscando a Forrester se presenta una escena en donde el joven Jamal cuestiona a Sean Connery, de oficio escritor, mientras el muchacho observa aquella gran biblioteca, le pregunta asombrado: “Y todos esos libros los ha leído usted”, a lo que le contesta con cierta ironía: “No… Son los que he escrito”.

Pero en una sociedad en la que persiste la fatiga, el ocio ante las letras, donde en vez de leer algo preferimos que ese algo se nos muestre con imágenes, lo que con palabras no queremos saber, recordando que, como la certera y gastada frase nos explica: “Una imagen vale más que mil palabras”.

En un país donde la mayoría prefiere hundirse en un sillón, en un sofá o en una hamaca a contemplar los programas televisivos, las telenovelas que siempre terminan en lo mismo (refritos de refritos), los talk shows donde la cotidianeidad es sinónimo de mediocridad, y nos reímos en ellos de la vida frente a la caja idiota, como lo hacemos el Día de Muertos en donde nos reímos de la muerte de los demás, pero de la nuestra jamás, pues todavía no la conocemos.

En un país como el nuestro en donde el “deporte nacional” por excelencia es el alcoholismo, es echarse las cervezas con “los cuates”, en donde se habla de fútbol y de la nueva bailarina del burdel de preferencia, mientras se comen pepitas y viejos y suaves chicharrones ¿Usted cree que éste es el escenario preciso para la cultura del leer? ¡Verdad que no! ¿Usted cree que con estas costumbres mejorará nuestro país?

Pocos levantan la mano para defender el precio del libro, que por cierto no está dentro de nuestra canasta básica; pero la mayoría se queja del alza al precio del alcohol.

Imagínese este escenario:

Está usted en la sala de su casa en su día de descanso, al lado suyo una buena jarra de agua fresca, con harto hielo, o el refresco de su preferencia, sentado en un sofá, cruzado de piernas ¿o porqué no?, en una hamaca meciéndose. Entre sus manos un buen libro, disfrutando de una buena lectura, con las puertas y ventanas de su sala bien abiertas, cuando de pronto, y en el umbral lo sorprende una visita inesperada. A poco no le daría pena que llegaran a pensar: “Qué flojo, no le da vergüenza gastar su tiempo de ese modo, acostado sin hacer nada”.

Si esto es tal cual, entonces digamos “Que viva la hueva y disfrutemos de los privilegios que el leer nos da”.

El comentario de Paz a Chumacero puede tener mucho de razón; pero lo cierto es, que mediante la lectura es la forma en que pulimos nuestro intelecto, nuestra inteligencia y nuestra capacidad para resolver problemas, viajamos a todos lados y sin pagar boleto.

Mientras el Ministro de Relaciones Exteriores, un Embajador de un país, o un hombre rico, dicen: “Recuerdo que en tal lugar vi”. El lector común, orgulloso, comenta: “Recuerdo que en tal libro leí”. El libro es el vehículo.

Para el periodista Miguel Sánchez de Armas “los jóvenes no sólo no leen a los escritores, sino que no saben que existen”. Durante una conferencia realizada en la ciudad de Villahermosa, de Armas compartió la anécdota que una vez en clases le preguntó a sus alumnos de Noveno Semestre de periodismo si sabían “Quién era Alfonso Reyes”, y uno de ellos levantó la mano tímidamente y dijo: “Un jugador de fútbol… pero ahorita no recuerdo en qué equipo juega”.

El libro cabe en el bolsillo. No gasta luz. No cansa la vista. Es pequeño y bonito y barato. Y como ventaja principal, con él se puede usted matar las moscas que se posan de repente en su cabeza, lo que no se puede hacer con el Televisor… o al menos que lo intente.

(Como dijera Luis Acopa, "si quieren publíquenlo, o pásenselo a sus contactos")

Jaime Ruiz Ortiz (Villahermosa, Tabasco, 1975)

Realizó estudios de Licenciatura en Comunicación en la UJAT y se tituló con la tesis: “La Muerte en la literatura y en la cultura popular mexicana”. Ha sido Editor en el periódico Tabasco Hoy en las secciones Política y Villahermosa. Fundador y uno de los cuatro Coordinadores del taller literario juvenil “En busca del tiempo perdido”, en el Centro Cultural Villahermosa.

jueves, 15 de diciembre de 2011

POEMAS DEL LIBRO LA SAL DE LA VIDA















3

Nada hay en este espacio

En que miro el limo de los años.

Nada existe, salvo mi libro,

El humo de un cigarro abandonado,

La quietud del terciopelo negro

Y tu recuerdo.

A tumbos, ojeroso, lleno de tantos años

Escribo lo que puedo ser:

Soy un oleaje en medio de la niebla

El inaudible grito de los vivos

Esta ternura que nadie mira

El poema nunca escrito

El rostro que nadie quiso tener

El muerto, el olvido nunca hallado.

Yo fui la última lágrima en los ojos de mi madre,

La última letra del abecedario.

 
CON EL VIENTO DE LAS TARDES

Para Ana Luisa, ausentísima y presente
 
Como si fueras un rumor
  De olas golpeando alguna pena, te recuerdo.
  Como si el grito que adentro llevo
  Fuera el silencio de un beso nunca dado.
  Te nombro en esta ciudad sin azucenas,
  Donde el domingo es un paraje sin canciones.
  En esta ciudad donde la luz perdió sus ojos,
  Y el corazón era un temblor interminable.
  Con la luz opalina de los años, te recuerdo.
  En los ojos de un hombre que bebe a sorbos
  La cansada soledad de su tequila.
  En algún poema de autor nunca leído, te recuerdo
  En alguna nota arrancada a la memoria.
  Te recuerdo cuando hacías patria, izabas una manta
  Y un puño cortaba el aire de los años.
  Te recuerdo con los gritos que reclaman
  Su estancia en miles de gargantas,
  Con el blues bailado en alguna pista
  Cuando la tristeza no estaba en el diccionario.
  Te recuerdo en los tulipanes, en el jardín
  Donde fuimos habitantes necesarios,
  A la orilla del mar azul, en la marea de tu sexo,
  Con el viento que sopla por las tardes
  Frente al mar de los recuerdos.
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LA SAL DE LA VIDA DE SAMUEL PEREZ GARCIA SE PRESENTARÁ EL 15 DE FEBRERO DEL 2012, EN LA CASA DE CULTURA DE COATZACOALCOS.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

LOS CUENTOS DE WENCESLAO VARGAS MARQUEZ


Samuel Pérez García



Uno nunca sabe es el título del primer libro de cuentos escritos por Wenceslao Vargas Márquez, oriundo de Las Choapas. De profesión Ingeniero Industrial Químico, Wenceslao Vargas está dedicado a la docencia en escuelas de nivel medio superior en la ciudad de Jalapa. Hace trabajo sindical, pero le atrae más la escritura literaria. Sin embargo, como todavía no puede vivir de eso, Wenceslao se dedica a la docencia.

El libro que hoy presentamos al público del sur de Veracruz, está compuesto por 46 cuentos, en su mayoría breves. A través de ellos, el autor nos lleva de la mano por sus angustias, sus miedos, su crueldad, su pasión amorosa, sus inventos tecnológicos, sus pesares, y con ellos nos asombra, nos pone en guardia tratando de adivinar algún final feliz, pero de ningún modo logramos conseguirlo. Wenceslao es listo, agudo, metafórico, inteligente, creativo, hace del cuento un placer, un modo de reflexionar la vida, pero también un motivo para odiar, para sentir compasión, para dejarnos  pasmado ante los inesperados desenlaces de las historias.

Y es que el autor sabe su oficio, escribe con inteligencia y creatividad casi todos sus cuentos, aunque en algunos haya errado, sobre todo esos de las compañías alemanas y sus inventos para conseguir agua, su máquina de suicidio o los generadores eléctricos a través de la frotación de los pies de gatos. Que si bien son historias ingeniosas, a mi parecer no adquieren todavía el rango de cuento, por aquello de que un cuento tiene como eje una acción, ejecutada por un personaje, y en estas historias, predomina más la descripción técnica para el uso del invento, que el relato donde un personaje nos desenvuelva su pesar, su trayectoria y encrucijada, que termine en un desenlace inesperado.

Pero esto, que es acaso un lunar dentro de la narrativa de Wenceslao, con los demás relatos, el autor nos ofrenda una capacidad narrativa insospechable, una finura para crear desenlaces imprevistos, una vena inagotable de historias trágicas, violentas, llenas de pavoroso recuerdo. En ninguna de ellas encontramos la salida airosa de un personaje triunfador, en la mayor parte de los cuentos, Wenceslao se aferra a lo cruel, al deseo de matar, al suicidio, pero también a la ternura en medio de tanta violencia, desamor y desagrado.

El autor lograr meternos en la atmósfera de la historia a tal grado, que llegamos a pensar que somos nosotros los testigos principales de esa historia, que si bien podemos aceptar o rechazar, el creador nos hace cómplices y por eso mismo, nos invita a deleitarnos o a refunfuñar por la ceguera de los personajes que, clamando cariño, reciben su hondonada de violencia salvaje.

Personalmente me gustaron las siguientes historias:

El niño tiene razón. La historia cuenta que los niños, a cambio de unas monedas pueden ver al tigre dentro de una enorme jaula de 10 por 10 por 10. El niño dice que un tigre en esa jaula no está preso, sino en libertad. La verdadera jaula no es la que contiene al tigre, sino esa donde se encuentra el niño, es decir, la del universo, por eso el animal solo espera un descuido para entrar a la jaula  que aprisiona al niño. Cuestión de perspectivas. Y también de imaginación. Los presos somos nosotros, no el tigre, es la conclusión del cuento.

Otro cuento es “Quisiera un castillo sangriento”. En él Alicia y Pablo viven un momento crítico en la vida de pareja. Pablo decide romper la relación y Alicia se aferra a que no, pero en medio de la ruptura, lo único que se le ocurre decir es “Vas a dejarme así”, “piensas dejarme así”. La charla ocurre en la sala de la casa. Pablo que está armando castillos, piensa y dispone irse lo más lejos de ese amor fallido, pero frente a la violencia de Alicia que golpea y grita, le ofrece a ella como herencia un soldado de oro, recuerdo familiar. Alicia acepta y Pablo decide dejárselo envuelto. Entra a la recámara. Cuando el soldado de oro está listo, llama a Alicia. Al ingresar a la habitación, recibe de regalo un golpe seco con el soldado que Pablo empuña. Vienen otros golpes hasta dejarla moribunda. Todavía próxima a morir, Alicia le reclama débilmente, “vas a dejarme así”. Pablo no hace caso y sigue armando sus castillos.

Lo que me gusta de este cuento, no es tanto la trama, sino la atmósfera que rodea a la historia y que lo hace verosímil. Comienza diciendo en el primer reclamo: “Es una mezcla de desdén y violencia de pájaros”. En el segundo reclamo, Pablo mira “A Alicia con una mezcla de amor antiguo y perro encadenado”. En el tercero, Pablo vuelve a ver a Alicia con “una mezcla de nostalgia compartida y perro echado”. Y así se va desarrollando el relato, hasta que estalla la violencia y Alicia queda con ese “vas a dejarme así, después que te di todo”, en tanto Pablo sigue armando sus castillos, sabedor que ella va a morirse y a él ya no le importa lo que pase.

Uno nunca sabe es el cuento con que inicia el libro. Es la historia de Margot, una niña indoctrinada en los principios cristianos. Margot, deseosa de saber, le pregunta a Laura, su institutriz, qué le pasa a los niños cuando mueren.

Se entera que éstos van al cielo y ahí se convierten en ángeles. Entonces, razona que cuando ella muera se irá al cielo y será un ángel. Lo mismo, cree, le pasará a su hermanita Ágata, aunque ésta, por ser de tres años, se porta mal: tira la sopa, se hace popó en los calzones. Eso le preocupa a Margot, pues quiere que su hermanita también se vaya al cielo cuando muera. Entonces le da recomendaciones a Ágata de que sea buena, que no tire la sopa, que no manche el mantel, que no se haga popó. Todo ese día no ocurre nada. Ágata se porta bien, entonces, Margot, buscando que la niña cuando muera se vaya al cielo, se la lleva a la cocina y con un cuchillo, le asesta varias estocadas. Cuando Laura y los padres llegan, ella simplemente dice que como Ágata se había portado bien, debía morirse buena para que subiera al cielo y fuera ángel. Pues que tal si mañana se porta mal. Uno nunca sabe, concluye el relato.

Pero hay otro rasgo en estas historias y en la creatividad de Wenceslao Vargas: el de construir narrativas circulares. Tales son los cuentos; “Siendo una fecha tan lejana” y “Morir es como irse. En el primero, se  comienza con una palabra cortada al principio y termina con una palabra inconclusa en el final que, si se aguza el ingenio, la primera palabra del principio, tiene su complemento con la última palabra del relato. O sea, que el cuento puede leerse circularmente. En el segundo caso, el relato inicia con una serie de frases recortadas y  la primera frase dice: …  de la violenta discusión con Lorena obtuve una idea para escribir un cuento…

La historia concluye cuando el narrador dice: El cuento es el siguiente.

Lo que quiere decir, que al terminar de leer la historia, podemos volver a empezar desde el principio.

Podría seguir comentando otros cuentos, pero me bajo aquí para terminar y digo que Wenceslao Vargas Márquez tiene una interesante manera de escribir historias. Cada uno de los cuentos sorprende por la filigrana de la técnica cuentística, de la atmósfera singular que envuelve a los personajes, de sus desenlaces inesperados, de la inventiva de la cual echa mano para compartirnos sus historias.

Uno nunca sabe es un libro extraordinario, escrito por un profesor de matemáticas y de cálculo diferencial, que pocos han de conocerlo como escritor. Y qué bueno que sea maestro para que, a sus alumnos, les pueda transmitir ese ánimo por la escritura, la recreación literaria y el amor por la vida, que supongo, a Wenceslao le gusta también, aunque en este libro haya creado personajes violentos, crueles, sin moral, tal cuales existen en la realidad.

Sea bienvenido Uno nunca sabe y el autor al mundo literario del sur veracruzano.

Noviembre 29 del año 2011