jueves, 16 de septiembre de 2010


Caminata por el siglo

Un disparo acorraló a la memoria
Que huía del pasado.
Hizo un alto en el tráfico jadeante,
Solo para ver como el presente
Se le iba desgastando.


Definición para el exilio

Íntimo soy de la soledad
Que me reparte.
La única patria prometida
Es una cárcel sombría
Donde los años
Qué importan.


Boletín de prensa

Se quitó la soledad
De todo un mes
Y la dejó colgada
En el perchero de la rutina.
Al otro día
Su nombre estaba escrito
Con la tinta de los diarios.


jueves, 2 de septiembre de 2010

DOS POEMAS


Cortejo

Cuando mi columna
No aguante su propio peso
Por tanto recuerdo acumulado
Mis poemas serán el cortejo
Que nunca olvide
Pese a no estar
Jamás entre los vivos.



Corazón en trizas

Nada que haga perder la calma.
Ningún cuchicheo inoportuno.
Lento
Suave como un siseo
Imperceptible.
Un tambor callado es esta noche
Que la lluvia embotella
Bajo los aleros de tu cuerpo.
Ninguna pausa de portón abierto
Ni sombra
Ni luz tristeando tus orillas
Nada.
Hay en este silencio
El grito inequívoco
De un corazón en trizas.
LOS VERSOS DE MARIA ESTHER.
Samuel Pérez García.

Sólo el poeta puede lograr con lo cotidiano un poema. Sólo el hombre dotado de una sensibilidad profunda puede dejar surcos en la conciencia, propiciar la reflexión, gozar con las imágenes y los otros sentidos que la poesía es capaz de propiciar. Digo esto a propósito del libro Fuera del mapa de María Esther Mandujano, quien es publicado por Cultura de Veracruz, editorial independiente que dirige el escritor Raúl Hernández Viveros.
La obra consta de 30 poemas distribuidos en tres partes con 83 folios. La primera se llama retratos de familia; la segunda, y es que el amor; y la tercera, fuera del mapa. En las dos primeras partes del libro es posible encontrar la filigrana musical, las imágenes deslumbrantes y la festividad de mirar crecer la sonrisa de los niños, de haber sido niña, pero también el dolor- no hay poema sin esta cualidad - que motiva el ejercicio de la poesía. Esto lo saben los poetas, aunque a veces, algunos nieguen esa relación entre dolor y poesía. No hay poeta que escriba sin dolor, no hay dolor que no obligue a la tarea de ensoñar la realidad.
Pero hay de dolor a dolor. El dolor físico se cura con un calmante recetado por el médico. El dolor del corazón obliga al poeta a la autocura escribiendo por ese dolor que no se calma nunca. Pues de ser así entonces el propio poeta dejaría de serlo, y se convertiría en un humano cualquiera. Los poetas son seres especiales, errabundos, libertarios, amables y altisonantes, inteligentes y bruscos, pedazos de ternura o hierro candente, escritores que se forman a fuerza del desagrado que propicia el desamor, el abandono, la frialdad del otro o de la otra, la soledad que avasalla, el silencio que corta todo ánimo, la amargura que se desprende de algún adiós o de los últimos instantes en la vida.
De esto y de todo encontramos en la poesía de María Esther. Una mujer que mira en lo cotidiano el recurso para escribir versos de alta alcurnia, de traje musical hecho a la medida, de imágenes que surgen y nos pican la inteligencia para que ésta las goce y las declare patrimonio por derecho propio. Dice María Esther en el poema dedicado a su hijo Juan Arturo:
“Un día descubrimos que todo lo sabía/ Un día abrió los ojos y tomó nuestras manos/ Nos enseñó a andar los laberintos/ del miedo y de la duda/ Puso la soledad en una esquina/ la tristeza las enterró en un borde del camino/ y con su luz dibujó un horizonte de gaviotas.
Pero María Esther no sólo se apropia del dolor y lo comparte. También vislumbra el acto festivo de haber encontrado una mirada, un afecto, una sonrisa en aquel pasado infantil que pervive en su conciencia como un don eterno. Dice en el poema dedicado a Daniel:
“La empanada más grande era la tuya/ el hot cakes con más miel/ mi miel de travesuras Daniel/ Y aquellas noches cuando corríamos/ a los brazos de la abuela porque podían venir/ los monstruos de la noche/
Pero también el amor. No podía faltar. Llenar ese vacío que la poeta mira y siente. Por eso canta, y con el quiere llenar el alma:
/No fueron las serenatas con blancas mariposas/ Acompañando el trino de su voz, los aleteos/ tampoco los poemas que decía a mi oído/ a medianoche cuando el amor en vela cabalgaba/ sobre los mágicos parajes de la luna/.
Y no conforme con esta declaración, como si quisiera reiterar que lo que siente es amor, le dice al sujeto de sus inclemencias:
Amé tus ojos aquella tarde/ los amé sin contar las hojas/ que cayeron en los otros otoños/ sin mirar a través del postigo/ las fotos del recuerdo/ Los amé sin memoria, sin vértigo/ sin soledad, sin miedo/.
Así, sin miedo, con entrega total, María Esther Mandujano se entrega a la poesía, que asimiló desde chica en aquellos umbrales del viejo Puerto México, donde creció y se hizo doncella, arquitecto, y luego, por destino, poeta de alcurnia, poeta del amor, poeta sencilla y a la vez lujosa, por tenerla aquí entre nosotros, oyéndola decir, por ejemplo:
No me preguntes por qué/ pero sin ti mis manos tienen alas/ No me preguntes por qué/ pero vuelvo a nacer mujer de sal y arena/ de sol y hierba/ mujer de barro y pan/ de verde selva.
Ya desde las entrada el libro nos deslumbra con estos versos que dicen: Inmortales somos/ como el canto de grillos en la selva/ como la luz que escarcha de oro lo que toca/ como el temblor del agua en los estanques/.
Para quienes conocemos a María Esther, nos da gusto contar con ella no sólo como mujer y amiga, sino como poeta que sabe lo que busca y toca. Entrega su corazón en los poemas, se hace presente y flirtea con la belleza que recoge en los sucesos menos inesperados: una mirada, unos ojos, la soledad que llega de improviso, y ella, lista, no le arredra esa visita, pero su cubre para decir:
Puso la soledad en una esquina/ la tristeza las enterró/ en un borde del camino/ y con su luz dibujó un horizonte de gaviotas/.
Y como todo poeta, imposible dejar de mirarse en su propio espejo, por eso escribe ¿Es posible que de la soledad/ emerjan los milagros? Y del dolor la dicha/ y del silencio oscuro de la noche/ las estrellas/ María/ quién te vistió de niña en las mañanas/ y peinó tu larga cabellera/ más fuerte que los vientos/,le pregunta María Esther a una homónima suya, que podemos interpretar como su hermana, la otra, la que siente y escribe, la María que se quita el nombre para quedarse con Esther, que es poeta, y mujer, y ama las cosas más triviales para hacer con ellas el oro que deslumbra por su brillo, pero al mismo tiempo, deja entreverar una herida que no puede ocultar y es la que quiere curar. Sin embargo, ella sabe que esa es su penitencia que no ha podido salvar, porque si pudiera, dejaría de ser poeta. Es la grave encrucijada que vive todo escritor: Si escribe se denuncia, nos enseña lo que le pasa; si no escribe no sale al día, no cruza las fronteras del anonimato, no sabemos quién es ni las cosas que le preocupan. Por eso escribir se convierte en un acto de purificación imperiosa, necesario para la vida de todo autor. Y María Esther quiso publicar su libro, el primero, pero creyéndose fuera del mapa literario, escribió el suyo con la timidez primeriza, buscando soltar amarras de lo que en su alma bullía, sin saber lo que vendría. Pues Fuera del mapa, en lugar de mantenerla distante de la geografía de los poetas, la ubicó adentro, en la primera fila de las mujeres veracruzanas (o tabasqueñas) que escriben poesía mayúscula, melódica, fresca y sugerente como estos últimos versos que cito: El amor brilla en los ojos/ revolotea en el pelo/ amor siente en cada célula/ el que de amor está preso/ Amor en manos tranquilas/ amor en los labios trémulos/ amor en cada
sonrisa/ y cada lágrima de fuego/.

jueves, 19 de agosto de 2010

¿LEGALIZAR LAS DROGAS?
Samuel Pérez García.
Ahora todo mundo se cree experto en asuntos que tienen que ver no sólo con el desarrollo de una sociedad sana, sino con aspectos científicos que requieren para la explicación un proceso de investigación. Soltar a botepronto la opinión que las drogas deben ser legalizadas para convertirla en mercancía ordinaria y con eso evitar los conflictos entre cárteles que viven de la producción y el mercadeo de esos productos, son desatinos que resultan imperdonables, cuando provienen de personajes que han jugado papeles relevantes en la política de México. Hablo en este caso del expresidente Vicente Fox, el gran equívoco de los mexicanos en el año 2000, cuyo recuerdo no es por la obra realizada sino por los dislates lingüísticos cometidos, lo que siempre hizo necesitar de un traductor, papel que jugó su director de comunicación social. El otro es Jorge Castañeda, quien fue Secretario de Relaciones Exteriores en el periodo de Fox, y quien sin más, dice que se debe legalizar la mariguana, y lo funda con el argumento de acabar el conflicto entre cárteles que comercializan el estupefaciente.
Ahora todo mundo cree que lo legal es sinónimo de racional, que lo legal puede terminar con el conflicto, al modo como por ejemplo, dos ciudadanos se pelean un terreno. Uno posesionado del mismo, pero sin escritura; y otro, con escritura pero sin posesión del bien. Para dirimir el conflicto, el juez del caso, determinará quién es el legítimo propietario, y por regla general, concluirá que lo es quien tiene en su poder las escrituras reglamentarias. Pero también hay un factor que a veces hace cambiar la trayectoria del resolutivo: el poco o mucho dinero que tengan los ciudadanos en conflicto, y lo mucho o poco del grado de corrupción de la justicia. Pues un caso es el de la justicia ideal, y otro el de la real.
En esa lógica, el narcotráfico es ilegal por carecer de una ordenanza que ampare esa industria, por lo cual, hay que dotarlo de esa cobertura, para que no haya más crímenes violentos cometidos por quienes están armados para defenderse de sus contrarios y del orden legal que representa el Estado.
Si vemos aisladamente el problema de las drogas, es lógico que lo que requieren los cárteles es un permiso para operar bajo la ley. Eso les permitiría moverse sin andar armados y sin parapetos de ninguna especie. Pues si todo es legal, qué caso tiene oponerse a otros que se dedican a lo mismo. Pero opinar así es olvidarse de la historia. Y voy al ejemplo de la primera guerra mundial del siglo XX para no irme tan lejos. La lucha por los mercados fue uno de los factores que condujeron a los países europeos en esa primera gran guerra, y aunque haya existido como aderezo y pretexto el asesinato de archiduque Francisco Fernando, heredero al trono de Austria, el reparto del mercado fue el detonante básico, acción que se ejecutó entre los países vencedores cuando el conflicto terminó.
Pero hay más. Si bien al carecer de cobertura legal, los cárteles de la droga viven una lucha armada sin cuartel por el control de esos mercados, y con ello se llevan entre las patas a la sociedad y al gobierno, por los crímenes, asaltos y secuestros cometidos, lo cierto es que también, aún cuando lo legal sucediese, la lucha no va a parar por otorgarles una ley. Lo que va pasar es que la lucha cambiará de forma. Seguirá siendo dura y soterrada, pues de lo que se trata es saber quien posee más mercado y lo que eso implica: el crecimiento de la fortuna gracias al aumento del consumo.
Pero también sucederá una reconfiguración de la clase política que hoy nos gobierna. Es decir, si hoy está penado usar el dinero del narcotráfico en las campañas políticas, con la promulgación de la ley que oficialice la producción y el consumo de drogas, apoyar a un determinado candidato podrá ser visto como un asunto común, porque el patrocinio provendrá de dinero limpio. Así, el narcotráfico a través de sus candidatos tendrá todas las posibilidades de ascender al poder. Y lo que hoy realizan de manera soterrada, podrán hacerlo abiertamente –por que la lucha contra las drogas no es solamente una cuestión de salud o de paz social, es también un asunto de seguridad nacional (léase político). Luego, entonces, los cárteles de la droga no son entidades que se dedican a la producción y venta de drogas sin más, son también soportes económicos de grupos, si no enquistados absolutamente, sí con relaciones en la cima del poder. Y por lo mismo, tienen un proyecto qué defender, mucho más cuando tengan a la ley en favor suyo. Por eso es que afirmo, aún cuando la droga se legalizara, el conflicto no concluiría, porque más allá de este modus operandi, la riña – que aparenta ser entre maleantes y policías- no es con los que se dedican a lo mismo, sino con los grupos de poder a los cuales pertenecen los mafiosos o se encuentran relacionados. Quisiera con esto adelantar una hipótesis: la vieja clase política, esa que se formó con la revolución mexicana y bajo la tutela gringa, ha dejado de ser operante, y hoy es desplazada por los que viven y disfrutan de las enormes ganancias que deja el mercado de la droga. Y si bien, hoy esos cárteles pelean el espacio político que les falta, no será así para cuando la droga se legalice. Pasarán a disputar el poder político a la vieja clase gobernante, que ya presenta un duro agotamiento en su proyecto de vivir de la conducción del país. Para el Estado, pues, la legalización no es simplemente un problema de salud o de legalidad, sino de evitar o aceptar a la clase emergente que se está formando con el dinero del narcotráfico. Dejemos aquí este punto para discutirlo después y vayamos a otra consecuencia de la posible legalización.
Otra consecuencia de legalizar las drogas es que existe un eslabón débil, al cual se debe defender porque expresa nuestro futuro en el país que queremos. Se trata de los jóvenes, quienes han sido el punto débil en esta lucha contra el narcotráfico. Los jóvenes, al vivir en un ambiente nocivo tanto familiar como social, al no poseer todavía un proceso racional maduro que les permita valorar la vida y sobrevellevarla en paz, son rehén de las drogas que pululan en el ambiente, y tarde o temprano, se ven tentados a engrosar las filas de consumidores.
Esta gente joven, mercado natural de las drogas, se desorientan desde la casa al vivir en hogares divididos y sin patrimonio propio. Para superar tales carencias, se escapan de esa realidad consumiendo drogas. La mayoría de ellos son de economía baja, marginados de la felicidad que proporciona un buen empleo y la educación familiar. Aunque a veces no pasa así. Un buen sector de consumidores es gente de bien, adinerada, que busca por curiosidad o por desorientación, las emociones fuertes, que les permitan congraciarse dentro de sus círculos sociales como atrevidos y libres. Con esa idea, la juventud -rica o pobre-se genera una imagen falsa que para ser libre y autónoma, hay que consumir drogas. Estar in, decíamos en la época del hipismo de los años 70. Si para consumirla antes, había que esconderse de la mirada pública, con la legalización, esos consumidores podrán estar tranquilos en los bares y cantinas, fumando su huatito o periqueando a la luz del día, bajo la sombra de un árbol o del lugar que mejor le plazca.
Nuestros hijos ya no podrán esconderse para ello, y en la fiesta de cumpleaños, no va a faltar alguien que cargue su dosis particular e invite a los ingenuos a dar una probadita, para sentirse mejor. O bien, si a alguno ya se pasó de borracho, con un pericazo pasaría a sentirse mejor y seguir la fiesta. Y por más educación que se les imparta en la casa o en la escuela, difícilmente podrán apartarse de la influencia social que reproduce el libre consumo de la droga.
Pero el problema vendrá después. Nuestra juventud, de por sí, poco reflexiva y crítica de lo que pasa en el entorno, no sólo con los problemas de la propia familia, sino con la que sucede en la ciudad o en país, se volverá más atolondrada y poco útil, porque es de simple observación: cuando la droga pasa a formar parte del hábito de una persona, ésta se vuelve más lerda, confunde sus propósitos de vida plena, y deja de pensar por sí misma, salvo que tenga en la sangre algo de la sustancia habitual para poder ejercer con plenitud sus funciones neuronales ( cuestión muy relativa y que no siempre es así, Chencho). Si ya con el alcohol se tiene bastante, qué no pasará con las drogas que se legalicen. Lo que éstas van creando en el consumidor es una fuerte dependencia, al grado tal que ya no puedes vivir sin ella. Y no permite ser libre, sino vivir atado al consumo, y a la larga, el drogadicto se puede ver envuelto en conflictos de sangre que lastimen la propia vida o las de otros. Las drogas a eso conllevan.
Si eso pasa ahora -cuando las drogas no están legalizadas- con un sector de jóvenes que han perdido la capacidad de pensar por sí mismo, a causa de la no vigilancia que ejercen sus padres o la influencia decisiva que causa el propio medio social y cultural en el cual están desarrollando su vida, qué sucederá cuando las drogas queden legalizadas. El panorama será desolador en todos los aspectos. Y si hoy proliferan los centros de alcohólicos anónimos, mañana será con los centros de atención al drogadicto. Cada práctica de consumo trae consigo un centro de atención social.
A este consumo va a contribuir en mucho la publicidad. Que una vez legalizada podrá con bastante creatividad y libertad seducir la mente de la juventud y de lo niños, con el fin de convertirlos en drogadictos conocidos, tal y como sucedió con el alcohol. Los alcohólicos anónimos como centros de atención deben su existencia precisamente a la legalización de este producto, que ha sido, el factor determinante en el finiquito de la paz familiar. El alcohol es causa principal de muchos accidentes automovilísticos, de desmembración familiar, de violencia juvenil y de muchos otros conflictos. Y por más esfuerzo que realiza la escuela para restar su perniciosa influencia, es poco lo que se ha logrado.
De igual modo pasará con la mariguana, al cual muchos lo ven como una droga benigna, lo que no es cierto. Cualquier sustancia, en consumo demasiado ocasiona trastornos al organismo, incluso hasta el agua daña al organismo consumirla en demasía. Uno de los problemas es el exceso en el consumo de cualquier droga. Mucho más cuando el consumidor, en busca de experiencias más fuertes, como dicen los jóvenes, se realiza un cruzamiento de sustancias, que le hace perder el principio de realidad y se convierte en factor para desestabilizar la tranquilidad hogareña. Mientras tanto, los consorcios productores y los mercaderes de la droga, seguirán acrecentando sus fortunas a cambio de la salud de nuestros jóvenes. Si eso pasara, no se está proponiendo el paraíso con la legalización de las drogas, acaso tal vez un infierno impermisible. Por eso, resulta necesario pensar muchas veces para opinar en torno a la legalización de la droga, porque en dicho tema no está implicado solamente la salud y la paz social, la economía o la libertad de comercializarla, sino que abarca muchas dimensiones que deben analizarse para resolver la pertinencia de que formen parte del consumo abierto.
Puedo seguir argumentando más, pero el espacio ya no da para tanto. Solamente quiero dejar una pregunta a mis escasos lectores: ¿Por qué el gobierno en lugar de perseguir y encarcelar a los intermediarios de las drogas no crea leyes que permitan atacar la base de la cual se nutren los cárteles, es decir, porque no ataca el aspecto financiero que les permite a esos organismos manejar grandes fortunas, mucha de las cuales sirven para corromper a los responsables de la justicia? Sencillo: muchos narcotraficantes están siendo soporte para la economía del país y eso hace que mantengan relación en el más alto nivel de la política de México. Por eso decía líneas arriba de que los cárteles de las drogas mantienen una relación soterrada con sectores que conducen el Estado mexicano, pues si no fuera así, hace mucho que los narcotraficantes fueran parte del archivo muerto. Pero no. Por lo tanto, opino que la lucha a favor o contra las drogas es una lucha por el poder político en México. No es una exclusiva cuestión de educación de salud, de legalidad o de economía, auque sean estas las formas básicas que presenta dicha lucha. Volveremos.

El correo que nunca tuvo respuesta.

31 de julio 2010.
Amigos:

Les mando esta reseña de LA NOVELA CAMARADAS DE RUBEN SALAZAR MALLEN (1905-1986) ESCRITOR NACIDO EN COATZACOALCOS. EN DICHA NOVELA ESTÁ UN RETRATO HABLADO DE LOS VIEJOS COMUNISTAS/COCEISTAS Y "ROBOLUCIONARIOS" PERREDISTAS DE AHORA. CONSIGANLA Y LEANLA CON SENTIDO CRITICO, PORQUE SI LA HUBIERAN LEIDO EN LOS AÑOS SETENTA Y OCHENTA DEL SIGLO PASADO, LO MAS SEGURO ES QUE HUBIERAN DICHO: "REACCIONARIA", "LAMEHUEVOS DEL CAPITALISMO", vayan ustedes a saber qué . En aquellos años o eras de izquierda (MARXISTA LENINISTA O TROSKISTA) o eras de derecha (TRIPLE A, MURO O SIMPLE PORRO DE LA UNIVERSIDAD). Ahora puedes ser panperroconfundido, perremaniaco, verdehalagotricolor, o simplemente PUP. (PARTIDARIO DEL PARTIDO UNICO DE PENDEJOS).
Me parece que Rubén Salazar Mallén, independiente de sus bandazos políticos, fue izquierdoso comunista, fascista arrepentido, y esto último le valió para que no alcanzara la fama internacional que tuvo Octavio Paz, que también fue militante de izquierda en sus años mozos, antifranquista, pero no nunca declarado fascista abiertamente. Error de Salazar Mallén, pero acierto para los ojos contemporáneos por haberse adelantado a lo que iba a pasar con muchas izquierdas del mundo: ser moderno es aprender a convivir con el enemigo, y si se puede, taparse con la misma sábana y dormir en la misma cama. Al fin y al cabo la bandera es sólo un trapo con un símbolo, que nada dice en esta época de la globalización paranoica.

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jueves, 27 de mayo de 2010

MAÑANA QUE NO ESTÉ




samuel Pérez García


Julio del año 2008



1



Junto al calor del sol
Bajo el almendro de tus ojos
En la misma punta del recuerdo
Estaré como si esperara
Tu abrazo quinceañero,
Tu querencia espolvoreada
En el hueco de mis manos
Estaré como si no estuviera
Mañana que no esté.




2


Andaré por tu memoria
Vestiré la misma camisa
Del último cumpleaños.
Con el alba de cada mes
Te hablaré con el silencio
Que tus ojos me enseñaron
Aquella mañana de siempre
Que nunca se me ha olvidado:
Estabas insomne y llorosa
Frente a la puerta esperando
Soñando que no soñabas
El dolor que te causaba
El hombre de tus reclamos.


3



Para quererte me bastan las ganas
De saberte conmigo amada
Te decía alguna vez
En alguna frase olvidada
Porque a pesar del reclamo
Mía tú te sabías
Bajo la luz de la luna
Sobre el portal de tus ojos
Y las ganas del alma mía.


4



En el último verano
La luna miramos ponerse
Aroma de muchas flores
Vestida de plata fina
Y un vestido tan largo
Para la noche sencilla,
Que se nos fue de las manos;
Por no atender los reclamos
Del amor que nos nacía
Hace muchísimos años.


5



Oiré música de piano
Leeré cartas de muchos años
Soñaré que tengo otro nombre
Caluroso como el verano
Y andaré las madrugadas
En busca de otro cuerpo
Que me reciba el cariño
Que otras me lo negaron.




6


Tal vez no encuentre nada
Ni una sonrisa ni abrazo
Acaso ni una mano
Se me extienda como antaño
Cuando mi novia eras
Y te llevaba de la mano
Por las calles de colgantes
Faroles que alumbraban
Los besos que tú me dabas
Febril y enamorada
Tu cara de quince años.


7


En mi corazón
Tú eres la espina
Que me sangra.
Me avasalla, me entristece
Me revuelca de dolor
O me llena de esperanza.



AFORISMOS DE AMOR

Para mis amores de Juchitán, Huetamo y Coatza.

1

Algún día la lluvia
Serán tus lágrimas
Y mi aliento el sol
Que te las seque.

2


Mientras la lluvia lava
Todos los recuerdos
El tuyo permanece.


3

Arriba de mí, la luna;
En mi pensamiento, tú.

4

Si la luna brilla,
Mi corazón también;
La luna lo hace por el sol;
Mi corazón por ti.



5

Si un día te vas
Serán largos los sauces
Verde la eternidad
De los caminos.

6

La lluvia es persistente; de igual modo tu recuerdo.


7

Sombría la edad
A los cincuenta y dos
Si tú no estás.


FICHA DE AUTOR:

Samuel Pérez García (1953) es el mismo Manuel Álvarez que un día le dio por regresar a su tierra original pero bajo otro nombre. Nació en La Blanca, municipio de Ingenio Santo Domingo, Oaxaca. Dícese poeta y escritor, enamorado de mujeres con enaguas largas y caderas pronunciadas. Soñador eterno y buscador de tesoros, que por regla general, concluyen a la puerta de un corpiño. Ha escrito libros que ya no vale la pena recordar ni premios que atestigüen nada. Pero hay dos que sí: Bandera en el corazón (2003), Una luna sombría en otras bocas (2002). Lo demás es historia como son los besos de las juchitecas que hoy también ya me olvidaron. Y no hay posibilidad de recuperación alguna, pese a las ganas.





miércoles, 24 de marzo de 2010



Relatos de Samuel Pérez García


María Esther Mandujano García.




De todas las mujeres (Ediciones Cultura de VeracruZ, 2010), me hizo recordar las grandes heroínas del amor romántico. Mujeres maravillosas que vivieron con intensidad la extraordinaria experiencia del amor. De distintas maneras, de acuerdo con su historia personal, con su contexto, con su libido y su temperamento, con el color de su pasión. Todas ellas entregadas al amor para purificar sus vidas, aún a costa de la vida, pagando los altos precios con que las sociedades misóginas han condenan la honestidad del alma, el valor de vivir en el alto precepto, de respetar las elecciones del alma.
Me hizo recordar a Madame Bovary, enamorada del amor que volátil nunca pudo tener entre las manos, me recordó a Ana Karenina lanzándose a los rieles de un tren, vestida de negro, enlutada por el gran amor que en una sociedad prejuiciosa e hipócrita, nunca se pudo realizar. Me recordó a Lara esperando en medio de la nieve, el frío y la soledad, el cálido abrazo de Zhivago, unos minutos quizá, unos instantes por los que vale la pena vivir una odisea de dolor y amargura; me recordó a la bella Tatiana rechazando el amor moribundo de Oneguin, en consecuencia del juramento que ella le hizo cuando él no la amaba todavía, de que jamás traicionaría su palabra de lealtad ni siquiera por amor. De Catherine de Cumbres borrascosas, de Marie Duplessis, La dama de las Camelias, de Clara Trueba de La casa de los espíritus, y de tantas mujeres extraordinarias que en su práctica del amor o en su búsqueda, son capaces de los hechos más bellos, poéticos y extraordinarios.
En una primera hojeada, De todas las mujeres pudiera pensarse que es un conjunto de historias breves sobre las conquistas amorosas de Milingo, el personaje central masculino, o más aun, habrá quien pudiese creer que De todas las mujeres es una compilación poéticas de las experiencias y recuerdos amorosos del autor. Pero no. Va mucho más allá.
Una pluma sensible y profundamente emotiva que excava en el alma de sus personajes; Una pluma que pretende deshojar los pétalos del alma femenina para encontrar su esencia. Lo que siente, lo que piensa, lo que hace vibrar su carne en el momento exacto del amor, cuando su alma y su piel tiemblan conectadas al cosmos y ya no hay pensamiento, ni sensatez, ni dolor ni alegría, simplemente la magia de existir, vibrantes con el poder de la creación, de lo eterno. No es en vano que sólo en este instante podamos multiplicarnos, duplicar nuestra fe. El amor nos redime, nos purifica, nos descubre.
Una pluma inteligente, que conoce el oficio de escribir, que es capaz de expresar lo que piensa. Llevarnos y traernos por las emociones mas insanas, como Virgilio en el infierno, que nos muestra sin miramientos, la pasión, el odio, los celos, la autocompasión, la codependencia, la depresión, la violencia, y nos la planta en frente sin misericordia, desnuda, horrorosa tal y como son esos sentimientos que nos acompañan, y que en un país como el nuestro, se multiplican, nos invaden por todos los costados y pretenden ser parte de nuestra cotidianidad, y lo son. El autor nos los muestra, escritor de su tiempo, para que no sigamos fingiendo la ceguera; y no dudo que al leer sus historias haya quien se diga así mismo, en acto puro de negación sicológica, que esas historias son las historias de los otros.
Una pluma culta, que conoce y ha leído a grandes escritores latinoamericanos y de otros continentes, que se ha nutrido y ha educado su sensibilidad poética en grandes maestros, que ha dirigido su vocación valiente hacia un oficio que no da de comer al cuerpo, que de sobra da al alma, a la conciencia de hombre, al compromiso de ser testigo de su tiempo, de dejar plasmada la historia común, en sus textos.
Nuestra realidad femenina no ha cambiado mucho desde mediados del XIX cuando Flaubert escribe Madame Bovary, o unos años más tarde Tolstoi escribe Ana Karenina, y aunque la violencia ha radicalizado su expresión, y en los países fallidos como el nuestro, se ha involucrado en todos los ámbitos de nuestras vidas, resulta decepcionante que las mujeres no hayamos logrado escalar en tantos años, suficientes peldaños para alcanzar la liberación de nuestro espíritu; que perduren sentimientos de frustración profesional, y en muchos casos no nos atrevamos a amar con valentía o a rechazar las relaciones que nos dañan. Desde el siglo XIX, hombres sensibles y generosos expusieron parte de nuestro dolor existencial.
De todas las mujeres, me atrapó desde su primera historia, Antonia; historia veloz, apasionada, breve. Describe un triángulo amoroso que desencadena en tragedia. El paisaje huracanado del puerto subraya la huracanada pasión de Milingo. La posibilidad de ver truncado el oasis de su amor…” Le gustaba oír su voz. Mirarse en los ojos negros, acariciarle el pelo negro y dormido que caía sobre los hombros desnudos…” (p.9), Milingo y su incapacidad de aceptar la decisión de Antonia de terminar su relación. Milingo egoísta, egocéntrico, de una inmadurez emocional que lo lleva a convertirse en un criminal, no le da oportunidad a Antonia de decidir que hacer con sus sentimientos, con su cuerpo, con su vida. Milingo, la toma al final, para aniquilarla. Y escuda su sentimiento de abandono “… - Así que me dejas “ (p.2) y justifica su incapacidad de amarla, porque sólo se ama a sí mismo y por eso no perdona que lo dejen, se justifica con un amor asesino. El texto termina poéticamente y con añoranza, añoranza que no tuvo Antonia oportunidad de sentir: ” …El viento y la lluvia tenían el color de la tristeza esa tarde, cuando se puso a contar lo que había pasado con su amor más importante, su Antonia de todos los días como siempre la llamó, la misma por quien escribe el diario interminable” (p.13) . Silvia, describe Samuel: “… Era una mujer Otoñal, en un puerto de mar limpio y tranquilo; playero y arenoso, chiquito y redondo, donde los viejos habitantes sacaban su sillón de mimbre, y se sentaban a las puertas de sus casas a refrescarse con la brisa de la tarde…” (p. 15). Aquí me detengo, para comentar uno de los aspectos más destacados de la prosa de Samuel. Además de poéticos y nostálgicos, sus textos son referencias históricas que nos describen en ocasiones a un Coatzacoalcos, que se fue, que no es el mismo y del que quienes lo vivimos y recordamos con nostalgia, guardamos el recuerdo. Nos describe calles, ambientes, paisajes, hitos, de tal modo, que nos revive un entorno del puerto arenoso y provinciano como marco perfecto a sus historias.
Silvia, voluptuosa, hermosa, femenina, erótica, despierta en Milingo adolescente la primera pasión, puramente carnal. El deseo sensual de tocarla, de perderse en sus carnes en el deseo de poseerla” …Desde esa lejana tarde Silvia me atrajo por su manera de mover la nalgas, que era como una señal para apretarlas con las manos, de igual modo sucedía con los jugosos pechos que exhibía entre mirones impunes. Para acá y para allá bamboleaba su cuerpo, y ella sabía que así vibraban las fibras escondidas de quien las viera…” (p. 16).
Sin embargo, además del deseo de Milingo expuesto en esta historia, Silvia, mujer, lleva a cuestas el enorme dolor de la traición y el inagotable deseo de la venganza “… Silvia se acostaba con el muchacho que le gustaba, ese era su vicio desde que el marido la había abandonado por una sirvienta…” “… -Es el gusto de ella que así se venga del marido.- me contaba Pilar y a mí en cada palabra suya algo se me iba rompiendo en pedacitos, sin posibilidad alguna de recomponerse algún día…” (p. 26). Silvia murió de cáncer en el pecho, paradójicamente, pechos que otrora exhibía orgullosa entre mirones impunes, murió pronunciando el nombre de un muchacho que entre muchos fue su amor furtivo. Oculto. Su Amor imposible.
La Lupe, Naranja dulce y la mala fortuna de su amor; Marysombra marcada por la tragedia, el dolor, la violencia. El amor y el dolor son una misma expresión para ella, van juntas, amalgamadas. Así creció, así fue llenando su disco duro hasta que como y tú y como yo, sólo actuamos por la programación de nuestra historia personal, de nuestra historia familiar, de nuestra historia social. Somos sólo eso, un reflejo, un holograma, una programación. Cuando decimos es mi vida y hago con ella lo que quiero. ¿Hasta dónde, incluso la rebeldía estaba programada? Marysombra duele, porque el dolor es parte de su programación, desde que aprendió a mirar, miró el deseo revuelto con la sangre, con el dolor, con los celos y hasta con el amor. No distingue. No sabe las fronteras entre los sentimientos. ¡Ay Mary sombra¡, cuántas veces te veo multiplicada en los rostros de cientos de mujeres, que creen que el sufrimiento es un predestino. El dolor las baña todos los días sin redimirlas; el maltrato, el olvido cada día las inmoviliza. Mary sombra. Orfilia y su destino de muerte prematura, Gabriela, gamberra, prostituta, meretriz, ramera. Rosaura del ángel y su amor prohibido. Yolanda y el tedio de su vida y de su amor, Mariel y por último Valeria y su triste historia de suripanta marcada por el abuso del padre desde niña. ”… De que otro modo, digo, Valeria, que la mejor puta fuiste tú…” (p. 91).
Doce historias de mujeres. No son los amoríos de Milingo, ni las tragedias de sus vidas, son los pedazos de historias que conforman la sociedad en que vivimos, los trocitos de vida que nos conforman como individuos, familias, y sociedad. No faltará quien se asuste, quien finja asombro, quien niegue que éste es el entorno real y palpable al que pertenecemos. El poeta, el escritor, nos pone el espejo ante los ojos, con una narrativa, vivaz, inteligente, bella, coloquial y poética, para que no finjamos demencia y como decía el amigo de un amigo cuando sacaba su retórica a dominguear: “No finjamos demencia y absoluta cretinez”. Estas historias son nuestras porque recrean nuestro amado Coatzacoalcos de una forma tan bella y tan poética; gracias por exponer la historia de tantas mujeres, de su dolor, su frustración y su tristeza a través de los amores de Milingo, como lo hicieron hombres sensibles y valientes desde el realismo del siglo XIX, H.D. Lawrence, León Tolstoi, Aleksandr Pushkin, Alejandro Dumas, y otros más. Libro excelente que refleja verdades de una sociedad que languidece en sus valores y me pregunto: ¿Qué esperamos para cambiar a la balanza de los buenos augurios, de la felicidad, del amor productivo, del respeto y de la realización? 􀀉